-…y fue así como conocí a Johnny McMurhpy –dijo al final George, jugueteando con los hielos de su vaso de whisky.
-¿McMurhpy? –Exclamó Jack, apagando el enésimo cigarrillo de aquella noche.
-Sí, Jack. Ya sabes. Tiene que sonarte
-Pues…
-Sí, hombre. Johnny McMurhpy. Deja que te cuente su historia… Resulta que el tío es tan feo que a buen seguro que ni la peor prostituta del Harlem le echaría un polvo. Y Johnny sabe cómo es de feo, vaya que si lo sabe. Cierto día, borracho al parecer, estuvo hablando con Paul Gray, el psicópata que atrapamos hace años. Johnny le pidió a Paul un favor: como sabía que jamás en su vida tocaría una teta, le rogó que le consiguiese un par de pezones de mujer y se los implantase cada uno en una nalga. Así, cuando estuviera más melancólico de lo normal, siempre podría manosearse su propio culo y echarle imaginación.
-¡Por el amor de Dios! ¿Y Paul accedió?
George se sirvió otra medida de whisky y miró burlonamente a su colega.
-Jack, no por nada ahora se le conoce a John por “Johnny Culotetas”…
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